Importancia de las mujeres en el                   Imperio Otomano


Las mujeres no eran una presencia muy visible en la corte del Imperio otomano, en Estambul, pero ejercieron una gran influencia en la sombra. La convivencia entre los muros del serrallo –término que se utilizaba para denominar tanto al palacio como al harén del sultán– era un polvorín en potencia. Reinaba allí una jerarquía estricta: por debajo de la madre del soberano y sus cuatro esposas se situaban las esclavas concubinas –que podían ascender a cónyuges–, las alumnas, las auxiliares y los eunucos. Roxelana, consorte de Solimán el Magnífico, fue una de las figuras más fascinantes del Imperio otomano. De origen polaco, fue secuestrada por los tártaros, que la vendieron al sultán. Solimán se enamoró de ella, la desposó y consintió sus maquinaciones en el harén, que llegó a dominar por completo. Ella orquestó la conspiración para ejecutar al gran visir Ibrahim Pasha. Dicen que el Magnífico se arrepintió luego amargamente. Roxelana fue la máscélebre consorte del periodo conocido como el Sultanato de las Mujeres. Muy especialmente durante el siglo XVII, los emperadores se dieron a una vida de ocio y placer, convertidos en títeres de sus concubinas y las reinas madres, que manejaron los hilos desde la sombra. 
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